INTERESES COGNITIVOS
lunes, 20 de febrero de 2012
AUTORREFLEXIÓN CRÍTICA
AUTORREFLEXIÓN CRÍTICA
En mi experiencia de 16 años como psicóloga de Equipo Interdisciplinario, ha resultado bastante desgastante luchar contra un sistema educativo que, lamentablemente, continúa privilegiando un escenario que se acerca más al interés técnico del que nos habla Grundy en su texto.
Si bien es cierto se han intentado implementar una serie de acciones tendientes a actualizar, diversificar y humanizar las prácticas educativas, lo cierto del caso es que se mantienen muchos más vicios y tendencias de pensamiento y acción tradicionales, sustentadas incluso en una estructura autoritaria, que favorece las relaciones verticalizadas dentro del Ministerio de Educación Pública. Y que se agrava con la ocupación de puestos de Jefatura por parte de personas que no cumplen con los requisitos de idoneidad para el cargo y que, como consecuencia, debilitan los procesos de cambio.
En este contexto, la reflexión en torno a mi práctica profesional me genera sentimientos encontrados. Por una parte, la satisfacción de que, aún con los años, mantengo el ideal de lograr generar los cambios necesarios para acercar nuestra realidad educativa a esa función emancipadora de la que habla Grundy. Como psicóloga, creo en el potencial de cada individuo, creo en la libertad de elección, y en el respeto a los derechos humanos. Procuro desarrollar procesos de reflexión-acción que lleven a los miembros de la comunidad educativa a sensibilizarse con principios de igualdad y equidad, porque desde ahí, me parece, se puede lograr trabajar en convivencia y acompañamiento, en el aula y en las instituciones educativas, lo cual es la base para un aprendizaje significativo y potenciador de cada estudiante. Siento satisfacción de que aún “peleo”, en el buen sentido de la palabra, porque eso significa que el Sistema no me ha absorbido.
Pero por otra parte, el desgaste es mucho; la frustración, y el temor de que, probablemente, nunca logre alcanzar mis sueños para el MEP; es así como a mis 42 años me encuentro en una disyuntiva: me mantengo en el Sistema luchando y desgastándome, me pliego al Sistema y me convierto en una “técnica” más, o me salgo del Sistema y dirijo mis ideales a otro escenario. Lamento el sentido catártico de mi reflexión, pero creo que en el fondo ésto es probablemente a lo que se enfrentan muchos profesionales que, a la luz de los planteamientos de Grundy, buscan romper con enfoques tradicionales y despertar el pensamiento crítico y la acción de transformación por parte de estudiantes. La lucha principal, es contra el Sistema mismo, porque al fin y al cabo, como expone la autora, éste reproduce la ideología dominante que busca mantener la estructura social actual.
¿Cómo implementar un currículum emancipador en un contexto así?... ¿Es realmente factible?... Sólo si quienes trabajamos en el MEP creemos en esta posibilidad, y empezamos por cambiar aquellas actitudes y prácticas que la obstaculizan. Desde mi competencia profesional, el continuar informando y sensibilizando respecto a temas de derechos humanos, diversidad, mediación pedagógica, entre otros, buscando generar reflexión principalmente en educadores sobre la necesidad de modificar su práctica docente. Promover estrategias didácticas alternativas, nuevas metodologías, que favorezcan el trabajo en equipo, la convivencia, la comunicación, el respeto, la solidaridad en el trabajo de aula. Seguir develando aquellas situaciones de abuso de poder e injusticia que van en detrimento de los estudiantes y de sus procesos de aprendizaje. Pero ante todo, vincularme desde el respeto con compañer@s, estudiantes y sus familias, con ética y profesionalismo, pero principalmente, con humanidad.
En mi experiencia de 16 años como psicóloga de Equipo Interdisciplinario, ha resultado bastante desgastante luchar contra un sistema educativo que, lamentablemente, continúa privilegiando un escenario que se acerca más al interés técnico del que nos habla Grundy en su texto.
Si bien es cierto se han intentado implementar una serie de acciones tendientes a actualizar, diversificar y humanizar las prácticas educativas, lo cierto del caso es que se mantienen muchos más vicios y tendencias de pensamiento y acción tradicionales, sustentadas incluso en una estructura autoritaria, que favorece las relaciones verticalizadas dentro del Ministerio de Educación Pública. Y que se agrava con la ocupación de puestos de Jefatura por parte de personas que no cumplen con los requisitos de idoneidad para el cargo y que, como consecuencia, debilitan los procesos de cambio.
En este contexto, la reflexión en torno a mi práctica profesional me genera sentimientos encontrados. Por una parte, la satisfacción de que, aún con los años, mantengo el ideal de lograr generar los cambios necesarios para acercar nuestra realidad educativa a esa función emancipadora de la que habla Grundy. Como psicóloga, creo en el potencial de cada individuo, creo en la libertad de elección, y en el respeto a los derechos humanos. Procuro desarrollar procesos de reflexión-acción que lleven a los miembros de la comunidad educativa a sensibilizarse con principios de igualdad y equidad, porque desde ahí, me parece, se puede lograr trabajar en convivencia y acompañamiento, en el aula y en las instituciones educativas, lo cual es la base para un aprendizaje significativo y potenciador de cada estudiante. Siento satisfacción de que aún “peleo”, en el buen sentido de la palabra, porque eso significa que el Sistema no me ha absorbido.
Pero por otra parte, el desgaste es mucho; la frustración, y el temor de que, probablemente, nunca logre alcanzar mis sueños para el MEP; es así como a mis 42 años me encuentro en una disyuntiva: me mantengo en el Sistema luchando y desgastándome, me pliego al Sistema y me convierto en una “técnica” más, o me salgo del Sistema y dirijo mis ideales a otro escenario. Lamento el sentido catártico de mi reflexión, pero creo que en el fondo ésto es probablemente a lo que se enfrentan muchos profesionales que, a la luz de los planteamientos de Grundy, buscan romper con enfoques tradicionales y despertar el pensamiento crítico y la acción de transformación por parte de estudiantes. La lucha principal, es contra el Sistema mismo, porque al fin y al cabo, como expone la autora, éste reproduce la ideología dominante que busca mantener la estructura social actual.
¿Cómo implementar un currículum emancipador en un contexto así?... ¿Es realmente factible?... Sólo si quienes trabajamos en el MEP creemos en esta posibilidad, y empezamos por cambiar aquellas actitudes y prácticas que la obstaculizan. Desde mi competencia profesional, el continuar informando y sensibilizando respecto a temas de derechos humanos, diversidad, mediación pedagógica, entre otros, buscando generar reflexión principalmente en educadores sobre la necesidad de modificar su práctica docente. Promover estrategias didácticas alternativas, nuevas metodologías, que favorezcan el trabajo en equipo, la convivencia, la comunicación, el respeto, la solidaridad en el trabajo de aula. Seguir develando aquellas situaciones de abuso de poder e injusticia que van en detrimento de los estudiantes y de sus procesos de aprendizaje. Pero ante todo, vincularme desde el respeto con compañer@s, estudiantes y sus familias, con ética y profesionalismo, pero principalmente, con humanidad.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

